El Suquet

El recuerdo de las cazuelas

La carta está llena de platos apetitosos, lo que nos hace

dudar entre arroces, fideos y platos que nos traen

el recuerdo de las cazuelas de siempre.

 

 

MIQUEL SEN

Cada vez es más difícil encontrar un restaurante en el Eixample que mantenga la estructura de los antiguos locales con altillo cons­truidos cuando Barcelona crecía desde la plaza de la UniversitatI hacia arriba. El Suquet merece  respeto por haber mantenido la estructura, con sus vigas de madera, y una decoración que, hoy en día, es irrepetible.

Un peldaño que conduce a la parte profun­da y una escalera que comu­nica con los comedores del piso alto, acaban de dar consis­tencia a un clásico que evoca los copiosos esmorzars de forquilla que los malditos cereales americanos nos han hecho olvidar.

El señor Alejandro Díaz se ha hecho cargo, desde hace dos años, de este estableci­miento, y lo ha hecho con el buen criterio de mantener una cocina catalana propicia al pica-pica, llena de suge­rencias que nos permiten cenar a horas casi intempestivas. En mi redescubrimiento de este Suquet, he quedado some­tido a la magia de una carta llena de platos que resultan apetitosos, una totalidad que hace dudar entre el capítulo de arroces y fideos, con negros y caldosos, los platos que son recuerdo de las cazuelas de siempre y los de mayor sustan­cia: entrecots, solomillos y cabritos al horno. Un apar­tado dedicado al bacalao en multitud de recetas, hasta en suquet, da idea de que en esta casa apetece de todo un poco, y ese poco, muy numeroso.

Así han sido mis prime­ros, con unas habas con romesco puntualizadas por el jamón con el que se han salteado, a las que han seguido unas cebo­llitas rebozadas, que son una prueba de fuego, porque la sencillez es siempre comple­ja. Le quedan muy bien al chef , como las albóndigas con sepia. El cabri­to, que ha sido el plato fuer­te, era tierno como una cria­tura y estaba acompañado de su guarnición de verduras asadas, con los ajos en 'cami­sa', que invitan al tinto con cuerpo, a un Onix del Prio­rat, del Priorat estricto, el de Gratallops, las dos Vilellas y el resto de pueblos del núcleo duro. Los postres también son muchos y van desde el music hasta el flan de la casa.  

Guia del ocio Nº 1223 / 2001

 

 

 

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El Suquet

Un recetario tradicional

MIQUEL SEN

 

    Situado en el corazón del Eixample, El Su­quet responde a la estructura típica de las casas de comida de Barcelona. Una pe­queña barra, un comedor a dos niveles y un altillo que da acceso al comedor privado de­finen un ambiente tradicional, potenciado por la decoración, rica en cerámica popular.

    Alejandro Díaz propietario de este su­quet, ha sabido llevar a la carta el recetario tradicional que tan bien cuadra con el am­biente. Amparándose en la habilidad culina­ria de un chef que sabe como se cocina en cazuela de barro, en El Suquet preparan una amplia carta en la que no fal­tan esqueixadas, fideos rubios con almejas, arroz caldoso, cazuelitas de mar y montaña, con pollo, conejo, butifarra y rovellons, el suquet que ha dado fama y nombre al esta­blecimiento o el bacalao cocinado a la llau­na, braseado con garbanzos, o en samfaina.

Una oferta de cazuelas de tanta varie­dad no debe olvidarse. De aquí que les su­giera ocupen plaza en este Suquet, para pa­sar seguidamente a un banquete que plantea dos posibilidades: una, pedir el menú gastronómico, importante pica-pica de diez platos al precio increíble de 2.250 ptas; otra sería pedir el menú caçotada, caso de que ustedes sean aficionados a los caçots rebozados, la salsa romesco y las cazuelas de los reyes del corral en compa­ñía de setas. Una última, la escogida por este cronista, consiste en elegir aquellas cazuelas que nos llevarán hasta El Suquet.

La primera fue de bacalao ajoarriero. Un plato notable que me re­cordó otros que había co­mido en compañía de Un­zué, que fue portero del Barça y lo es del Sevilla. Tras este magnífico plato, pedí otra cazuela, con pies de cerdo rellenos, solucio­nados según esquemas del parisino Piet de Co­chon, pero enriquecidos con una buena picada ca­talana. Los postres res­ponden al mismo criterio de buena cocina casera, con una tarta de queso fresco que aconsejo.

El local tiene un ambiente tradicional, potenciado por una decoración rica en piezas de cerámica popular.

 

Guía del Ocio Nº 941 / 1995